No me gustan los nórdicos y mi corazón viajó a Sicilia en una ocasión y allí se quedó a vivir con Montalbano.
Verdad es que, como buena italiana, le soy infiel con un Conde cubano encantador y un romano borde en Aosta, ya amantes fijos.
También le doy a la necrofilia con el maestro Dashiell Hammett.
Pero de vez en cuando me apetece un cambio de aires y conocer detectives de otras áreas: la promiscuidad de este mundo se contagia rápido.
Así es como he llegado a la arqueóloga forense Ruth Galloway, recomendada por una amiga.
He de confesar que no me ha convencido: la protagonista me ha parecido insulsa aun siendo una novedad su profesión; la trama, más que previsible (¡he descubierto al asesino en la página 20 y resuelto el caso en 0,001 milésimas de segundo. Y tiene 316 páginas!) a pesar de la onírica y cuasi gótica ambientación en los brumosos y traicioneros pantanos de Norfolk y el anzuelo de los cultos paganos en un henge prehistórico; los personajes demasiado arquetípicos y la narrativa de la autora, flojita de manos, que diría un taurino.
Ya sé que lo primeros libros de una serie nunca están muy cuajados, pero creo que no le voy a dar una segunda oportunidad. Hay demasiado por leer.
De todas formas, dejo sinopsis por aquí por si a alguno de los amigos lectores que esté menos picardeao que yo le atrae el tema para echar un buen ratito:
La profesora de Arqueología Forense Ruth Galloway vive en una pequeña casa junto a una marisma en el condado de Norfolk. Se trata de un área remota donde se unen mar y tierra, considerada como un lugar sagrado por los hombres de la Edad de Hierro. Cuando la policía encuentra unos huesos en una zona de la marisma, el inspector Harry Nelson recurre a Ruth para que lo ayude, convencido de que se trata de los restos de una niña desaparecida diez años antes. Aunque esa posibilidad queda descartada, ya que los huesos pertenecen a una niña de la Edad de Hierro, Ruth continúa ayudando a Nelson para descubrir qué relación hay entre este caso y los rituales prehistóricos que tenían lugar en la marisma hace más de dos mil años.
Sybilalibros
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